La permanencia es una irrealidad, todas las cosas cambian, nosotros como humanos siempre estamos evolucionando ante un contexto cambiante, pero los cambios nunca son lo que esperamos.
Con cada cambio nos disponemos a ser vulnerables, nos encontramos con espacios obscuros que generan miedo e incertidumbre, pero a pesar de ello necesitamos seguir avanzando superando cada espacio.
El proceso es y siempre será el momento en el que aprendemos todo lo indispensable para llegar al objetivo, las metas y sueños que tenemos siempre estarán, no debemos desesperar, es importante disfrutar de la obscuridad, gozar esa soledad, estar feliz de sentirse perdido.
Debemos ser consientes de que es necesario perder el control para lograr llegar al cambio, al apresurar las experiencias, perdemos la esencia de vivir, pero no debemos olvidarnos de nuestras metas.
El camino y el ritmo es algo que cada uno de nosotros dictamos, podemos regresar, avanzar, pausar, debemos ser pacientes con los cambios y asimilar todo lo que sucede tanto dentro como fuera, la tolerancia será uno de los valores fundamentales al emprender este viaje, no solo para con nosotros mismos, si no para con las personas que nos rodean.
Nunca somos la misma persona, marcando una ausencia a la permanencia.
Itaca
Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.
Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.
Poema de Konstantino Kavafis
Vive la experiencia desde tu hogar